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ZAKAEV COMO UN OBSEQUIO AL TERRORISMO INTERNACIONAL

Por Vladimir Simonov, comentarista de RIA "Novosti" en temas políticos

Los admiradores de la Justicia británica procurarán olvidar lo más rápido posible aquel jueves, en que el tribunal magistral de Bow Street de Londres fue en pos de un grupo reducido de demagogos profesionales y declinó la solicitud de extradición de Ahmed Zakaev a Rusia. La "internacional terrorista", cuyos comandos embisten en coches bomba las misiones de la ONU y de la Cruz Roja en Bagdad, lanzan cohetes contra cuarteles de las fuerzas de coalición en todo Iraq y hacen volar edificios oficiales en Chechenia y casas residenciales en Er-Riad , han recibido con ello una especie de obsequio.

Zakaev puede resultarles útil a las fuerzas globales del mal como una viva confirmación de la inseguridad y de la falta consecuencia en obrar por parte de ese "Occidente degradante" en sus intentos de hacer parar la ofensiva "triunfal" del integrismo islámico. Como es notorio, el ex viceprimer ministro de la Ichkeria secesionista se ha granjeado fama tanto de elocuente predicador como de hábil realizador práctico de tal ideología.

El juez británico Timothy Workman, que durante meses estaba viendo a un Zakaev en trajes de Nino Cerruti, de 3,5 mil libras esterlinas cada uno, le era difícil, al parecer, imaginárselo en uniforme de camuflaje y sujetando un fusil Kalashnikov. Pero era precisamente así el aspecto de Zakaev, cuando él realizaba en Chechenia de octubre de 1995 a diciembre de 2000 su negro quehacer, a que podrían envidiar hasta los extremistas de Al-Qaida: participó en la liquidación de personas, incluidos 300 policías chechenos, el secuestro de personas pacíficas, incluidos dos sacerdotes ortodoxos, practicó torturas él mismo. Todo ello fue denunciado en Bow Street por una personalidad de la Fiscalía Real que representaba a la parte rusa. Las más pasmantes acusaciones le echaron a la cara a Zakaev las propias víctimas. Ivan Soloviev, habitante de Urus-Martan, habló de cómo Zakaev lo había interrogado en persona en agosto de 1998 en el ministerio de seguridad nacional de shariat de Grozny. Las respuestas a sus preguntas él las conseguía con la ayuda de balazos, fue así como Sioloviev perdió varias falanges.

El monje ortodoxo Serguei Zhigulin, otro testigo de cargo, reconoció en Zakaev a uno de aquellos que habían secuestrado a él, Zhigulin, junto con otro sacerdote, el padre Anatoly, en enero de 1996. Los hombres de Zakaev mantuvieron a Zhigulin en sótanos de Grozny durante 200 días, lo torturaron y le rompieron un brazo. Afortunadamente Serguei pudo evitar el sino que corrió el padre Anatoly, que fue matado por extremistas. Zhigulin pudo arribar a Londres e indicar con un dedo no mutilado por balazos al torturador Ahmed Zakaev, "luchador por los derechos del pueblo checheno y mediador en el proceso de mantenimiento de la paz".

Pero el juez británico Timothy Workman perecía no oír esa chocante declaración, pues toda su atención estuvo puesta en los discursos de Eduardo Fitzgerald, abogado de Zakaev, el cual a lo largo de todo el proceso intentó demostrar que las pruebas acusatorias presentadas contra su cliente tenían "motivación política". El abogado sugería al tribunal que la Fiscalía de Rusia las presentó "con el fin de desacreditar" tanto a su cliente como el "proceso de paz entre Chechenia y Rusia". De qué modo una mano mutilada o seis meses pasados en un sótano asfixiante de Grozny pueden acelerar o ralentizar el proceso de paz en Chechenia, el señor Fitzgerald no lo explicó. En lo que atañe a la desacreditación de Zakaev, ante todo a los ojos de sus compatriotas, ésta se produjo mucho antes de quedar arrestado él el 5 de diciembre de 2002 en el aeropuerto londinense de Heathrow. Una prueba de ello es la pregunta que fue dirigida a Zakaev en el sitio del servicio ruso de la BBC, la hacían personas de Rusia, Alemania, Estados Unidos, Polonia y Letonia: "¿Cómo ve usted ciertas peculiaridades de la vida de la "Chechenia libre" de los años de 1996 a 1999, tales como el tribunal de shariat, castigos corporales, servidumbre legalizada, etc.? ¿No le da vergüenza todo aquello?".

Zakaev no simplemente era testigo ocular de todo aquello, sino que presidía aquel desenfreno de histeria religiosa y de la barbarie. Ese ex actor, a quien en Gran Bretaña por poco lo comparan con Lawrence Olivier, y aparentemente celoso defensor de la democracia, no hizo nada en aquel período nefasto para su natal Chechenia para hacer parar los fusilamientos en plaza, los apedreamientos y la trata, a pesar de estar investido de todas las facultades necesarias para ello. Pues ¿quién sino el ministro de Cultura, viceprimer ministro y mano derecha del presidente Aslan Masjadov era capaz de hacerlo?

Zakaev, que ocupaba todos esos puestos, podía hacerlo, mas no quiso. El fanatismo islámico es aquel resorte que mueve a ese hombre en cualesquiera circunstancias, tanto durante interrogatorios practicados en Grozny con pistola en mano como en el escenario político de Londres, con clavel en ojal.

El tribunal de Londres hizo caso omiso tanto a las graves pruebas aducidas por testigos como a la filosofía extremista de Zakaev, la que explica su afinidad con el terrorismo islámico clandestino tanto en Chechenia como fuera de ésta.

¿Por qué la Temis londinense procedió de este modo, y no de otro?

El documento de cinco páginas hecho público ayer jueves en Bow Street menciona como la causa fundamental de la renuncia de extraditar a Zakaev la circunstancia de que en Rusia el pobre, supuestamente, podría ser torturado y que existen dudas de que el proceso contra él sea imparcial en Chechenia.

Es una argumentación completamente artificial. Pues ya en agosto el ministro de Justicia de la Federación de Rusia, Yuri Chaika, dirigió una carta al ministro del Interior de Gran Bretaña en que garantizaba la seguridad a Zakaev en la prisión y la observancia de todas las normas humanitarias. Las autoridades británicas saben que no se trata solamente de una palabra de honor de un ministro ruso, que los centros penitenciarios de Rusia están abiertos para representantes de la Cruz Roja y las organizaciones de defensa de derechos humanos. Las presiones, incluidas las preventivas, se inspeccionan con regularidad por parte del Comité Europeo de Prevención de Torturas. Por ello sería absurdo suponer que puedan aplicarse torturas a un hombre tan "público" como es Zakaev.

Las causas, al parecer, son otras. El sistema británico de protección del orden legal todavía no se ha adecuado a las nuevas realidades que se impusieron tras el 11 de septiembre de 2001. Es de hacer recordar que a finales de los años 1990, la policía del país fingía no notar que en mezquitas británicas se recolectaba dinero destinado para apoyar a los extremistas de Chechenia, que en el país se enganchaba y se adiestraba a los dispuestos a ir a combatir en territorio de Rusia. La prensa y la televisión locales daban señales de alarma, pero las autoridades guardaban silencio. Hace poco en las mezquitas se efectuaron registros, fueron arrestados varios mullah conocidos como ideólogos del terrorismo, pero los organismos judiciales británicos temen adoptar métodos preventivos a que gustan recurrir los estadounidenses. El nimbo de la democracia pura sigue apreciándose en las islas británicas más que los intereses de la seguridad nacional. Prevalece la llamada psicología insular, la de un país que vive tranquilo y en que no se convierten en escombros rascacielos y no se toma como rehenes a espectadores que van a ver un musical.

Esa psicología de relativa inmunidad de Gran Bretaña frente a los ataques del terrorismo internacional se manifestó, al parecer, en la toma de decisión sobre la causa de Zakaev. El centro cerebral de Al-Qaida en esencia ha recibido una señal de Londres: en Occidente no todos somos tan intransigentes en la batalla histórica contra la internacional terrorista, no para todos nosotros el humo de una explosión en Chechenia huele igual de amargo que el de las efectuadas en Nueva York o en Arabia Saudí. En Occidente seguimos subdividiendo a los terroristas en "malos" y "buenos". Así se leerá ese mensaje de Bow Street por las fuerzas del mal.

En toda esa historia desempeñó su papel el abultado monedero del magnate fugitivo Boris Berezovski, que estaba abierto para Zakaev. Periodistas notaron que éste último comía con regularidad en el restaurante de lujo "Ivy", donde una merienda cuesta 200 libras esterlinas y una cena, unas 1000. Sus corbatas de seda el ex extremista las escogía en la tienda de millonarios "Harrods", de a 100 libras cada una, y arreglaba sus barbas en la peluquería del hotel "Ritz" frecuentada por Madonna y Britney Spears. Añadan a ello una limusina con chofer personal y los servicios de guardaespaldas y de intérprete, por lo que se pagan 3000 libras esterlinas al mes, dos teléfonos móviles para llamar a todos los confines del mundo, los servicios de famosos abogados, el viaje a Londres de los testigos de descargo y, por último, un sitio personal en Internet.

Según calcula prensa británica, todo ello le ha costado a Zakaev, léase a Berezovski, 300 mil libras o unos 450 mil dólares. Ello no podía menos que impresionar a los servidores de la Justicia británica, grandes admiradores de nombres resonantes, de la publicidad y de otros atributos de la vida del alto mundo, a no ser que sobre ellos también haya caído una lluvia de oro. En todo caso, ello los privó del deseo de escudriñar cómo ese hombre bravo que viste un saco de Lagerfeld (750 libras esterlinas) pudo quitarle a balazos falanges a alguien.

Se ha dado vuelta a una página del expediente de Zakaev, pero el propio expediente no está cerrado. La Fiscalía de Rusia promete llevarlo a los tribunales, indistintamente de la cantidad de dinero que se gaste para aplazar ese momento.

CASI 600 EXTREMISTAS HAN SIDO ELIMINADOS POR LAS FUERZAS FEDERALES EN CHECHENIA EN LO QUE VA DE AÑO

Rostov del Don, 14 de noviembre, RIA "Novosti". En lo que va de año, las Fuerzas Federales han eliminado a 600 extremistas en Chechenia, ha informado hoy en la reunión del Consejo Militar el Comandante del Distrito Militar del Cáucaso del Norte, Vladimir Boldirev.

Asimismo comunicó que en 2003, en el Distrito se desarrollaron seis ejercicios de mandos sin tropa, durante los cuales las oficinas de reclutamiento y registro militar enrolaron en las concentraciones a unas 25 mil personas.

La Cancillería rusa declaró que la negativa de un tribunal británico a entregar a Rusia al emisario checheno Ajmed Zakáyev perjudica seriamente la cooperación bilateral. En la declaración difundida el jueves se indica que la resolución del tribunal es el reflejo de la política de “doble rasero” que practica Gran Bretaña. Manifestándose de palabra por la erradicación terrorismo en todas sus formas, Londres da asilo a los terroristas en su territorio. Semejante postura contradice los principios de la cooperación internacional en la lucha contra el terrorismo,- se puntualiza en la declaración de la Cancillería de Rusia.


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